Estaba allí sentada, sin decir nada, descalza, en un banquito, muy quieta.
En un instante se levantó y emprendió una caminata de unos kilómetros hacia la muerte.
Pensativa y con lo puesto empezó su viaje del que ya había predicado su final.
Llegando a la ruta comenzó a temblar a causa del gran frío. Igual continuó caminando sin que ni siquiera se le cruzaran por su mente ¡amigos!, ¡¡familia!!! Nada en absoluto… ¿Su camino estaría marcado? No se sabe ni se sabrá. Al igual que el por qué y con qué motivos dispuso ella de su fin. Porque en toda la caminata sólo tenía en su mente lo que iba a pasar y pasó. Nadie lo cambió.
Agarró una bolsa que encontró y siguió caminando, sin saber qué pensaba ni ella misma.- O tal vez sí, pero no se sabe.-
Llegó a un puente, se sentó unos 10 minutos y allí fue donde miró a su alrededor y pensó “¿qué hago acá??” No se sabe si se dijo “nada igual a los demás, o vaya a saber qué.
Agarró la bolsa, se la colocó en la cabeza y con la piolita que ya tenía en el bolsillo se la ató fuertemente. Esos segundos fueron ya en la misma muerte.
Sin ver nada y casi sin respirar se agarró a la baranda y saltó al agua.
Así terminó con su vida. O tal vez no y así es como sigue su destino.
Iñaki Arguinarena
En un instante se levantó y emprendió una caminata de unos kilómetros hacia la muerte.
Pensativa y con lo puesto empezó su viaje del que ya había predicado su final.
Llegando a la ruta comenzó a temblar a causa del gran frío. Igual continuó caminando sin que ni siquiera se le cruzaran por su mente ¡amigos!, ¡¡familia!!! Nada en absoluto… ¿Su camino estaría marcado? No se sabe ni se sabrá. Al igual que el por qué y con qué motivos dispuso ella de su fin. Porque en toda la caminata sólo tenía en su mente lo que iba a pasar y pasó. Nadie lo cambió.
Agarró una bolsa que encontró y siguió caminando, sin saber qué pensaba ni ella misma.- O tal vez sí, pero no se sabe.-
Llegó a un puente, se sentó unos 10 minutos y allí fue donde miró a su alrededor y pensó “¿qué hago acá??” No se sabe si se dijo “nada igual a los demás, o vaya a saber qué.
Agarró la bolsa, se la colocó en la cabeza y con la piolita que ya tenía en el bolsillo se la ató fuertemente. Esos segundos fueron ya en la misma muerte.
Sin ver nada y casi sin respirar se agarró a la baranda y saltó al agua.
Así terminó con su vida. O tal vez no y así es como sigue su destino.
Iñaki Arguinarena
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